Como a Raffaella Carrà, a Lorena Castell (Barcelona, 1981) no le gusta encasillarse. Su trayectoria es un reflejo de esa negativa a quedarse quieta, un tránsito progresivo que comenzó con apenas 19 años haciendo de animadora turística en Mallorca antes de debutar en la televisión catalana. Aquel estreno adolescente fue como “el frescor del primer vino blanco”, el pistoletazo de salida para una carrera polifacética donde la comunicación, el humor y los escenarios han ido de la mano.
Con el paso de los años, y tras demostrar su solvencia en los platós, la artista dio un golpe de timón para priorizar su bienestar, su faceta como madre y la creación de proyectos propios tan personales como su aclamado espectáculo de revista. Lejos del postureo y de los artificiales filtros del sector, defiende con naturalidad que su misión en la vida es “hacer feliz a la gente” y generar esa complicidad colectiva que también la llevó a proclamarse vencedora de MasterChef Celebrity en 2022 o a triunfar como jurado en Got Talent.
En plena ebullición creativa y con la vista puesta en su próximo Bingo para señoras: Christmas edition en el IFEMA o en el lanzamiento de su nuevo Piano bar, que tendrá su pistoletazo de salida en Ibiza este mismo septiembre, Castell vive su momento profesional como un buen caldo con solera, pero repleto de vitalidad: “Llevo mucho tiempo en barrica —afortunadamente, ya me he fermentado—, pero sigo estando muy fresca”.
“Llevo mucho tiempo en barrica —afortunadamente, ya me he fermentado—, pero sigo estando muy fresca”. Foto: IG/lorenacastell
Frente a los sinsabores de una industria a veces caprichosa, ha sabido destilar la experiencia acumulada para apostar por el trabajo en equipo, la risa compartida y la autenticidad en las distancias cortas. Por su arrolladora capacidad de reinventarse sin perder la denominación de origen, por su energía incombustible y por convertir cada reto en una auténtica celebración, hoy brindamos con ella para hablar de los orígenes del espectáculo, de la maternidad y de la importancia de seguir exprimiendo el presente con una buena copa en la mano.
Hemos quedado para cenar, y quiero que seas tú la encargada de decidir restaurante. ¿Adónde me llevas?
Iríamos a un sitio con jaleo, de cenar en la barra con un cóctel, o a un restaurante en el que haya cositas que me sorprendan al paladar. Hoy me apetecería ir a StreetXO.
Si en lugar de un cóctel optamos por pedir un vino que ligue con tu momento profesional actual —con ese ensamblaje entre medios convencionales y espectáculo—, ¿cuál eliges?
Soy muy fan del Ribera. Elegiría algo así, que reposa bien y no te deja el ‘fuertor’ del Rioja. Un Ribera representa muy bien el momento en el que estoy ahora, porque puede ser un vino que lleva tiempo en barrica, pero que sigue siendo dulce. No es duro, y así es el momento profesional en el que me encuentro. Llevo mucho tiempo en barrica —afortunadamente, ya me he fermentado—, pero sigo muy fresca. Me siento muy viva porque estoy constantemente trabajando en un montón de proyectos.
Más bien algo ‘sparkly’, con cosas fresquitas todo el rato. Foto: IG/lorenacastell
Y siempre te reinventas
Totalmente. Por eso no sería algo reposado que se ha quedado ahí; más bien algo ‘sparkly’, con cosas fresquitas todo el rato.
Echando la vista atrás a tus inicios en televisión, en tu Catalunya natal, ¿a qué dirías que sabe ese recuerdo tantos años después?
Empecé en TV3 con 19 años, en un programa de música que se llama No n’hi ha prou. No he vuelto a estar en un programa como aquel; es imposible superar la experiencia que tuve la suerte de vivir. Era una niña que no había hecho nada, simplemente estudiaba interpretación –que por la época no había terminado– y venía de hacer de animadora turística en Mallorca. Me cogieron en un casting y fue como el frescor del primer vino blanco que te tomas a los 16. Además, eran entrevistas megatop. La primera fue a Bon Jovi; sentí que me cambió la vida. Esas cosas te dejan loca y dan ganas de aprender.
Por aquel entonces, ¿proyectabas una trayectoria como la que has tenido?
Sabía que me iba a dedicar al mundo del espectáculo y tenía claro que lo mío era un escenario, comunicar… Con el paso del tiempo me doy cuenta de que mi misión, o el reto que yo me he puesto en la vida, es hacer feliz a la gente. Es lo que más me apetece y lo que más me gusta. Transmitir, pero siempre lanzando un mensaje en el que haya gente implicada y desde la unión de un colectivo. Mi carrera, afortunadamente, ha sido muy progresiva. No ha sido un ascenso meteórico.
Mi carrera, afortunadamente, ha sido muy progresiva. No ha sido un ascenso meteórico. Foto: IG/lorenacastell
La escalada te ha permitido acabar teniendo proyectos de éxito propios, como el espectáculo del Bingo para señoras con el que triunfas desde hace años
Siempre fue el plan B, hasta que sentí que se convertía en el plan A. Además, con toda la ilusión que supone haberte inventado algo, que es lo más complicado porque ya está todo inventado. Evidentemente, el bingo también estaba inventado —yo ya hacía bingos cuando era animadora turística— y el espectáculo nació muy ‘de bar’. Luego se ha elevado, pero empezó porque yo era dueña de un bar al que no venía nadie los martes. Pensé: “También habrá que tomarse unos vinitos de señora los martes”. Comenzó a funcionar y empecé a llenar el bar dos veces por día.
¿Cómo se logra que un proyecto así mantenga su esencia auténtica al llevarlo a un gran recinto?
Siempre he sido muy “celebradora” de cosas; me ha gustado mucho un evento, una fiesta y juntar a la gente para disfrutar. A mis 30 años cerré un club en Madrid, el Charada, e hice un concierto de mi banda Lorena C cuando todavía la tenía. Fue muy chulo, así que cuando hice 40, que me veía estupenda y divina, pensé: “¿Por qué no me llevo esto del bingo para celebrar mi cumpleaños?” Y me inventé esta movida. Casualmente, monté un grupo de bailarines que siguen conmigo y ya son amigos. Se me da muy bien; es la visión y unidad del grupo.
Le das mucha importancia a trabajar en equipo
Soy muy defensora. Tú solo puedes ser brillante, pero cuando trabajas en equipo con gente brillante, puede que tu estrella brille infinitamente más. Ese trabajo en equipo durante estos últimos años también ha transformado mi energía televisiva y me ha hecho buscar otras cosas en mis retos profesionales.
El 11 de diciembre haremos Bingo para señoras: Christmas edition en IFEMA. Foto: IG/lorenacastell
¿Y cuáles son los retos que se vienen?
El 11 de diciembre haremos Bingo para señoras: Christmas edition en IFEMA con invitados y muchas sorpresas. Lo hicimos dos veces en el Palacio Vistalegre, y, como ya han pasado dos años, tenía mono de una celebración grande. Además, me he invitado el Piano bar para señoras. Arranca este septiembre en Ibiza, en el after party del desfile de Álvaro Calafat.
También superaste con creces el reto de MasterChef Celebrity, formato del que te proclamaste vencedora en 2022. ¿Qué te sorprendió de ti misma en aquellas cocinas?
Saber que tenía mucha más mano de la que me imaginaba porque a mí no me gusta cocinar. Soy una persona que viene de la ‘airfryer’ y me llamaban las reinas de las latitas del microondas. Pero también soy competitiva conmigo misma. Me gusta ponerme retos, llegar hasta el final y hacerlo lo mejor que pueda. Tenía la oportunidad de aprender de los mejores, de visitar sitios increíbles y de cocinar con gente brutal. Mi menú de la final lo preparé con Quique Dacosta en su restaurante.
¿Aún cocinas con esa exigencia o eres más de disfrutar?
Ya no, pero porque como muy básico. A mí me gusta disfrutar de la comida cuando voy a un restaurante. Si voy a comer algo que me apetece, me voy a gente que sé que me lo va a cocinar increíble. No me voy a hacer un rabo de toro a baja temperatura en casa aunque tenga la Roner. Lo hacía al principio porque tengo de todo. Estaba todo el día regalando ‘tuppers’ a la gente.
Se me daba fenomenal la comida tailandesa. Foto: IG/lorenacastell
¿Cuáles eran tus especialidades gastronómicas?
Se me daba fenomenal la comida tailandesa. Soy una gran amante de la cocina asiática; me preparé con una chef que es muy crack en eso y le insistí mucho. MasterChef fue muy guay, pero sobre todo por estar con mucha gente. También me pasó en El desafío, que aunque sea una competición, no deja de ser una experiencia colectiva. Trabajar bajo presión me pone.
Recientemente has dado el salto a la mesa del jurado en Got Talent. ¿Cómo se marida la empatía con la frialdad que requiere estar al otro lado para juzgar a otros?
Como el programa tiene tantas disciplinas, no lo vives tanto como un jurado, sino como un espectador que está en la fila cero. Para mí es gozar porque la disciplina del circo me flipa, el baile me vuelve loca… por mucho que seas jurado, también te mueve mucho la energía. Ves cómo se prepara la gente y sufres los nervios de las personas que se plantan por primera vez en un escenario tan grande. Tienes la oportunidad de ayudar, más que de valorar. Sí que hay cosas en las que le puedes dar tu opinión o una idea para que le den una vuelta, que de eso va la nueva temporada de Got Talent. Es una ‘Fantasy League’ y la fase de selección es igual, pero cada juez podrá formar su propio equipo.
De algún modo, más que en miembro del jurado, eres mentora
Totalmente. Eso te permite ayudar a brillar a los demás con tu creatividad y tu conocimiento del medio. Me parece un concepto muy chulo.
Entrar en el ‘show business’ es un brindis constante, pero a veces hay resaca. ¿Ha habido algún proyecto que tal como ‘vino’, se fue, y ahora agradeces que no cuajara?
Hay muchos proyectos para los que no te ves en el momento vital. Me ha pasado que me llegara un proyecto increíble en el momento de ser madre, pero mi hijo es lo primero. Hay proyectos que son totalmente incompatibles con una madre que vive 24-7 con su hijo.
Eres defensora de que tu vida va mucho más allá del trabajo
Sí, y es una pena… También estaba en Zapeando y cuando el niño era un poquito más mayor —que ya quería ir yo a recogerlo al colegio— sentí que no era el momento de continuar. Después de nueve años quería un cambio, más tranquilidad en mi vida y tiempo en familia. Retirarme un poco del mundo televisivo y hacer programas solamente tres meses me dio la fuerza para arrancar el bingo. Si no, no hubiese tenido ese momento para pensar y decidir que lo podía llevar a un nivel superior.
Retirarme un poco del mundo televisivo y hacer programas solamente tres meses me dio la fuerza para arrancar el bingo. Foto: IG/lorenacastell
En ocasiones has criticado la falsedad de ciertos ‘influencers’. En un sector donde todo parece filtrado, ¿cómo mantienes tu denominación de origen sin dejarte llevar por el postureo?
Un ‘influencer’ no siempre tiene que ser postureo. Critiqué a los ‘influencers’ que no aportan nada. No sé dónde está la línea; yo no me considero ‘influencer’, aunque a lo mejor otro verá mi perfil y dirá que lo soy porque hago publicidades. Hay gente que utiliza TikTok o Instagram para divulgar cosas interesantes y son ‘influencers’ también. Eso me parece chulísimo.
Te sientes cómoda en la revista, en el show y en la puesta en escena. ¿Qué te aporta el espectáculo que no te da la televisión?
Soy muy fan de toda la revista que ha habido en España. Encima, vengo de Barcelona, que tenemos El Molino y el Barcelona de Noche. Siempre me ha llamado mucho la atención y empecé a investigar las figuras femeninas; ese punto de comedia e improvisación, los bailes canallas con mensaje picaresco… Pensé: “De esto ya no hay nada; ya no hay plumas, ya no hay brillos”. Empecé a hacer el espectáculo en 2020 y en Madrid ahora ya hay más espectáculos donde se reivindica a la cupletista. También he pinchado muchos años en clubs y pensé que podía juntarlo todo.
Es como si hubieras fermentado todo lo aprendido para dar con el vino perfecto
Ahí está. El Bingo para señoras es entre una sesión de DJ, un espectáculo de revista y un juego. Es un bingo que nace de esa parte de improvisación que tenía cuando curraba de animadora turística, pero con las tablas da pasar por programas en directo.
En 2008 intentó representar a España en Eurovisión con tu banda Lorena C. Foto: IG/lorenacastell
En 2008 intentaste representar a España en Eurovisión con tu banda Lorena C y el tema Piensa gay. ¿Qué sabor te dejó?
Raffaella Carrà, que era la presentadora, me dijo: “Una de las chicas más divertidas del concurso”. Era majísima y me encantó conocerla; ha sido muy referente cuando empecé a crear el bingo porque también era una persona que se dedicaba al mundo de la televisión. Durante un tiempo, en España parecía que te tenías que dedicar solamente a una cosa. O presentadora o cantante. Yo decía: “Qué pena, porque es que yo hago muchas cosas”. Menos monologuista, que me lo han ofrecido mucho. Me parecía que era más entretenido y más mío poder explicar una historia a través de canciones o un espectáculo.
¿Guardas un buen recuerdo de tu periplo eurovisivo?
Esa época fue fenomenal. Todo lo que sea una aventura, una cosa nueva, me parece divertido. De hecho, el año pasado me presenté al Benidorm Fest, pero lo preparamos mal y tarde y no salió. No descarto volver a presentarme porque parte de mi equipo del bingo también está en el festival y me hacía ilusión.
Aludías a tu faceta de madre y al frenético ritmo de vida que va de la mano con tu profesión. ¿Cómo se marida una tarde de domingo perfecta con la maternidad?
Soy una persona muy activa y constantemente hago cosas. Si no me pillas en el parque de atracciones, estaré en un parque haciendo un picnic con colegas o en la casa de campo bañándome en la piscina. Pocas veces me pillarás sola.
¿No te gusta la soledad? ¿O es que nunca se da?
Aprovecho para estar sola cuando me hago algún viaje. Con el niño tengo pocas oportunidades de estarlo y lo que hago es quedar con otros colegas que tienen niños, que los fines de semana es cuando no van al cole. Me gusta mucho la vida social y familiar y también estoy mucho con mis padres y mi hermano, que juntos hacemos mucha piña. Pero de vez en cuando necesito la soledad extrema y la busco cuando hago una escapada. Cinco días en cualquier lugar del mundo me parecen una terapia sanadora. Me ayuda a desconectar e incluso llorar, porque a veces te da un bajón tremendo cuando estás solo en un sitio increíble. También es necesario encontrar esos momentos.
Lejos de los focos, los platós y los escenarios, ¿qué descubriría de ti si compartimos sobremesa?
Soy bastante emocional. Me gusta mucho escuchar y compartir anécdotas, que tú me cuentes y yo a ti. Y probablemente también descubras a alguien mucho más profundo de lo que suele parecer mi imagen expuesta. Tengo mucho mundo interior, y conmigo se puede hablar de cualquier tema; no tengo muchos tabúes ni me guardo muchos secretos para mí. El otro día salimos de currar y me vine a casa con mi maquilladora. Nos tomamos un vinito, y de repente eran las doce de la noche. Con un buen vino siempre se abren buenas conversaciones.
En el mundo del entretenimiento hay muchos ‘vinos picados’ o personas que te la quieren dar con queso. ¿Has desarrollado un sexto sentido para detectar casos así?
Vamos… ¡Y sin abrirlos! Hay mucha gente a la que se la ve venir, pero esa es la magia. Cuando estás en un escenario y tienes que decidir quién va a acompañarte esa noche, siempre suelo tener buen ojo y acabo eligiendo a alguien brillante. Hay gente con un brillo en la mirada que es fácil de reconocer.
Vamos a jugar a tu cena perfecta. Te acompañarán tres personas —vivas, muertas, famosas, o no famosas— de la historia. ¿Quiénes se sientan a brindar contigo?
Por supuesto, Raffaella Carrà. Tuve la oportunidad de conocerla, pero no de intimar. He visto su documental y me encantó; me hubiese encantado que me contase cosas. Otra persona a la que me hubiese encantado conocer –y a quien dedico algún momento de mi espectáculo– es Lola Flores. Una persona con esa garra, ese rollo. Una tía tan viva, tan fuerte… era una mujerona que hacía y deshacía cuando y como quería. El tercer hueco sería para Paquita La Del Barrio. Últimamente estoy escuchando muchas de sus canciones. Me encanta esa manera de cantar tan desgarradora, ese rollo que gusta tanto en México, donde pronto aterrizará el Bingo para señoras. Tendría muchas cosas que preguntarle porque era una mujer muy moderna para la época en la que vivió.
¿Por qué brinda hoy Lorena Castell? ¿Nuevos proyectos?
Este verano va a venir fresquito, como un blanco París. Primero, porque muy pronto llega un programa de humor en el que no te puedes reír a La Sexta que se llama Congelados. También brindo por despedir el año todos juntos, como ya lo hicimos en la última Christmas Edition del bingo. Y también por el Piano bar para señoras, que estamos cerrando fechas por toda España. Este proyecto nace de la necesidad de mostrar a Lorena en la intimidad. Hay mucha gente nostálgica que me dice que el bingo en el bar era lo más, y vamos a recuperar ese espíritu primigenio. Es volver a los orígenes, con un espectáculo donde las canciones no las eliges tú, sino que te van a elegir a ti.
Hora de degustar la última copa. Es 2036 y volvemos a encontrarnos para cenar en StreetXO. ¿Por qué te gustaría brindar con esa Lorena?
Por otro nuevo proyecto. Por otra cosa nueva que me habré inventado, que me habrá llenado de energía y me tendrá radiante por toda la vitalidad que se derrocha creando. Por ser una persona reencarnada, reinventada y con ganas de vivir.