La hermenéutica de las mayorías y las minorías es la expertise básica del político. La percepción de dónde están las clientelas de cada electorado es el primer escalón de la construcción de la identificación electoral. Es algo que intentan los encuestadores y otros arúspices del oficio y no siempre aciertan.
Ajenos a la racionalidad política, los dirigentes saben cuál es su clientela y los mensajes que emiten son para su clientela. Se pregunta la platea por qué Javier Milei sostiene contra viento y marea a Manuel Adorni. Una primera respuesta es porque quiere contradecir lo que le pide la oposición y no ve ningún negocio en darle el gusto.
El producto Adorni es para la clientela de Milei, a la que no le molesta que esté enredado en cuestiones fiscales y otros descuidos más o menos contravencionales. Han votado a un presidente que elogió la evasión de divisas, la elusión fiscal y otras avivadas de quienes tienen dineros opacos. ¿Por qué lo castigarían a Adorni por lucirse como un estilista en ese arte?
Enojarse es para el no mileísmo, que además entretiene a cronistas y otros animadores audiovisuales con el caramelo de madera del jefe de gabinete, que no es ni jefe ni maneja un gabinete.
El gobierno es un elenco de titiriteros que actúan entre bambalinas -estudios de abogados de negocios, empresarios, algún funcionario-. Las marionetas son las que animan la fiesta, entre ellos legisladores prestados, la hermana, el menor de los Caputo. Y a la cabeza, Adorni.
Tampoco las denuncias modifican el voto
Y lo más importante para el negocio de la política (que es también ciencia): las denuncias no rayan la carrocería. ¿O acaso Espert en la boleta lo hizo perder votos a Santilli en las elecciones de Buenos Aires del año pasado? Sería cínico creer que lo hizo ganar, pero no perdió.
Una lección que también da el peronismo que, incendiado en tribunales y con el peor prestigio de gestión, en 2025 retuvo un 35% de los votos nacionales. También hay cuestiones de marketing que se hunden en el misterio de toda situación de mercado: Adorni sirve para fastidiar al público que, en algunos segmentos, disfruta el látigo. O que cree que es un camino de perfección.
Del pathos al mathos – del dolor a la sabiduría, como que profesa la paideia clásica, o el pathei-mathos (aprender del dolor) de Esquilo, que explica el calvario de Ulises, que se pone de moda por “La Odisea “ de Christopher Nolan, encarnado en Matt Damon, que está casado con una compatriota-.
Quienes hacen psicopolítica, encuentran un motivo en la personalidad del que manda. Si es cierta la leyenda de una infancia de violencia familiar, estaría reproduciendo lo sufrido y lo devuelve a los propios. Además, hay clientes de la política a quienes les place sufrir y prefieren a esos masajistas que hacen doler con la promesa de que esas lágrimas te curan. Pero eso ya es psicología barata y zapatos de goma (Charly).
Cristina, un ancla de campaña
Tampoco es para la clientela del no peronismo la posición que hizo pública Miguel Pichetto sobre la anulación de condena de Cristina de Kirchner. Aportó argumentos políticos y jurídicos.
Le preguntaron: ¿Es posible que eso ocurra ahora, cuando el peronismo está en la oposición y tiene la menor representación en el Congreso de su historia? “- No – responde – es cierto, el peronismo no es mayoría. Pero por eso hay que construir una mayoría y ganar las elecciones”.
Es un mensaje para el peronismo que consumen los peronistas. No para los no peronistas que repudian esa eventualidad que, agrega Pichetto, ya ha ocurrido en el pasado. Citó en su exposición en la comisión de Diputados varios casos de “gravedad institucional”.
El riesgo es que un ancla de campaña, como puede ser la reivindicación de Cristina, pueda convertirse en un ancla para perder. El peronismo bajo el ciclo Cristina se ha reducido a su mínima expresión en la representación en el Congreso. Lo primero que tiene que saber un político es saber cuál es la clientela propia y no trabajar para la clientela ajena. Aunque eso se sabe al final.
Macri no pierde el tiempo
Esta simpleza se complica cuando se analiza la construcción de los electorados que se enfrentarán en 2027. Un peronismo que logró retener en 2025 un 34% de los votos (tres menos que Sergio Massa en 2023, que quedó a 2,5 puntos de ganar en primera vuelta) ¿puede crecer si no encuentra un producto para el voto no peronista?
Esta hipótesis requiere una explicación para quienes admiten que el peronismo tiene que crecer para no ser víctima, otra vez, del Partido del Balotaje, que suele ganarle porque reúne más votos que el peronismo. Con esta presunción el oficialismo orejea la baraja.
Mauricio Macri aprovechó las últimas horas en Buenos Aires – viajó este viernes a los EE. UU. con una misión FIFA – para moderar las ínfulas caudillistas de Javier Milei.
Hizo en la conferencia de la Cámara de la Construcción una de las impugnaciones más serias al programa económico del gobierno: la calidad del ajuste es baja porque no permite reinvertir ni cuidar servicios esenciales.
Hasta ahora se había limitado a impugnar el conjunto de la gestión. Se sumó al envión anti Adorni con un comunicado del PRO, partido que en Diputados no firmó, en cambio, el pedido de sesión especial para votar una moción de censura. Apoyó la ficha en docena, no en el pleno que lo pudiera distanciarlo ahora del gobierno.
Macri hace lo que tiene que hacer, que es preparar el partido para lo que llama el próximo paso. Lo dará a finales de año según imagine: 1) que Milei se derrumba; o 2) que su candidatura presidencial es ganadora en 2027. Hasta entonces, sólo conjeturas y refutaciones (diría Karl Popper), como juega el gato maula con el mísero ratón (Celedonio) hasta que se vea el panorama más completo.
El peronismo en Alerta celestial
La decisión del Papa de venir a la Argentina entre octubre y noviembre fue uno de los temas conversados entre los dirigentes peronistas que el martes asistieron a una misa en la Catedral de Buenos Aires en memoria de los fusilados de 1956, atrocidad de la que se cumplieron 70 años.
El rector de la Catedral Alejandro Russo ofició en persona esa misa que pidieron los dirigentes Felipe Solá y Hernán Patiño Meyer, por intermedio del ex secretario de Culto de los gobiernos peronistas de la última década, Guillermo Oliveri.
El interés no es anecdótico porque la distancia que manifiesta el gobierno de Milei con la Iglesia Católica la ha echado en brazos del peronismo. En esa misa estuvieron autoridades del PJ de la línea pía del partido, como José Mayans, Julián Domínguez, Victoria Tolosa Paz, Enrique Albistur, Emilio Pérsico, y extrapartidarios como Miguel Pesce o el embajador Federico Mirré.
El viaje del Papa depende de Keiko
La experiencia del papa Prevost en España, que terminó este fin de semana, ha sido un banco de pruebas para el viaje que ha confirmado informalmente el Vaticano de León XIV a la Argentina entre fines de octubre y primera semana de noviembre.
La venida de un Papa ha sido un problema de alta política en países de confesión católica por el solapamiento con las agendas políticas. En este terreno, la nacionalidad peruana de Prevost hace depender su venida a la región del resultado electoral del balotaje en Perú.
El recuento voto a voto juega la suerte de otra comunidad polarizada. Prevost fue, en los años de obispado de la Diócesis de Chiclayo en el norte de Perú, un crítico de la presidencia de Alberto Fujimori. Llegó en 2017 a cuestionar el indulto por no haber pedido perdón a las víctimas de sus atrocidades como presidente. Esa distancia se extendió a Keiko Fujimori, que este fin de semana disputa voto a voto el gobierno contra el izquierdista Roberto Sánchez.
Ya la polarización de la Argentina en el primer cuarto de siglo XXI impidió que el papa Francisco viajase a la Argentina. Su venida, consideró, podía producir conflictos y enfrentamientos por la adhesión y el rechazo de su figura entre diversos sectores de la política criolla.
Llega avanzada vaticana
Antes del fin de junio, llegará a Buenos Aires una avanzada de funcionarios de la Santa Sede para adelantar la organización del viaje papal. La faena está a cargo del sustituto de la Secretaría de Estado, el italiano Paolo Rudelli. Este obispo organiza los viajes papales junto a otro responsable de la misión, que es el titular del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, el cardenal George Jacob Koovakad, nativo de India del rito siro-malabar.
Rudelli ya comunicó el viaje de sus enviados al titular de la Conferencia Episcopal, Marcelo Daniel Colombo, y al arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva. El cardenal Koovakad informó al gobierno de Jorge Macri que vendrá entre el 9 y el 14 de septiembre.
Fulvio Pompeo, funcionario de relaciones internacionales de la CABA, tiene a su cargo el área de culto en la ciudad y contará con la presencia de Koovakad en una serie de actividades del diálogo interreligioso, que potenció – como dice en la carta que recibió Pompeo – “nuestro tan amado Papa Francisco y que continúa tan vivamente el Papa León XIV”.
Antes, a mediados de julio, se espera la llegada del nuevo nuncio (embajador del Vaticano) en Buenos Aires, el obispo norteamericano Michael Wallace Banach. Este diplomático viene con la experiencia de haber convivido con un régimen simpático al gobierno Milei – fue embajador en la Hungría que gobernaba Viktor Orbán-.
Demografías ocultas
Una de las lecciones del viaje a España es cómo una visita papal despertó una demografía oculta. España es un país gobernado por el socialismo, tiene un gobierno laico, y una oposición de la derecha conservadora poco amiga del papado de Jorge Bergoglio y del papa Roberto Prevost.
Esa polarización no es de ahora: España libró una guerra de religión en siglo XX. Pese a ese contexto, una misa en la plaza de Cibeles juntó a 1,5 millones de personas en actitud de oración. “- Esto no se ve ni en Roma”, pudo decir León XIV cuando vio ese gentío.
Estos fenómenos animan a lo que Bergoglio llamaba una hermenéutica sobre el alma popular. Es la base de la doctrina de la Teología del Pueblo, versión argentina desmarxistizada de la teoría de la liberación, con una inclinación a la comprensión del peronismo como manifestación social.
Cuando las manifestaciones son sorpresivas, responden a una necesidad de dirección que puede haber estado agazapada por la escasa comprensión por parte de los dirigentes sociales y políticos.
Los dirigentes en déficit cognitivo
La percepción de las demografías ocultas de una sociedad es un desafío permanente para los dirigentes. Es un fenómeno que se remonta a fínales de los años ’90 cuando los movimientos piqueteros superaron en calidad de representación a los punteros, al intendente, al comisario y al jefe narco.
El resultado electoral de 2023 nació de esa dificultad de los dirigentes de entender la sociedad y sus familias políticas. Si el peronismo y el no peronismo hubieran tenido alguna claridad sobre lo que pedía el electorado, la presidencia no hubiera ido a manos de Javier Milei, que pasaba por ahí y se subió a la bicicleta del balotaje.
Claro que si los políticos tuvieran la capacidad de entender a fondo las pulsiones sociales mejorarían la eficacia de su negocio, que es la representación de la sociedad. En 2022 el país se inundó de gente festejando la copa del mundo.
Hubo 4 millones de personas que recorrieron espacios públicos de todo el país festejando con alegría y sin violencia. El gobierno de entonces apareció desbordado por esa manifestación y se quedó afuera de la fiesta. O no percibió la oportunidad de identificarse con esa manifestación ni tampoco los punteros del fútbol vieron ventaja alguna en estar cerca del gobierno.
Es comparable a la que había despertado en 2013 la elección de Jorge Bergoglio como Papa. Nadie esperaba que esa elección despertara una inmensa e incalculable demografía oculta hasta entonces. La concentración en la plaza de Mayo para el día de su asunción fue por sorpresa.
Una franja de la sociedad, sin identificación partidaria, apareció en las calles movilizada por las agrupaciones juveniles de la Iglesia que nadie esperaba ver en tamaña cantidad y por un hecho que estaba fuera de las previsiones, como la elección de un papa argentino.
Con el Indio Solari reaparece esa demografía que, para colmo, parece tener una identidad política cercana al peronismo. La aparición de Máximo Kirchner se justifica por la relación que pudo tener él y su madre con Solari. Intentó apropiarse de esa muerte.
El gobierno, por su parte, se perdió la oportunidad de ofrecer el Congreso para el velorio, gestión que en público emprendió Cecilia Moreau. El gobierno rechazó esa posibilidad argumentando cuestiones de orden público, algo improbable después de la manifestación de 2022. Esas manifestaciones son pacíficas, pueden tener una melodía partidaria, pero no derivan en violencia política.